Romanización
Los romanos parece que ocuparon progresivamente la zona de Navarra y no existen testimonios escritos de que se hubieran producido combates o rebeliones en esta zona, en parte debido al poco valor que para los romanos tenía la zona montañosa (Saltus Vasconum), afincándose principalmente al Sur (Ager Vasconum) de lo que hoy es Navarra.
Sobre los habitantes de dicha zona, existen cecas iberas con el texto "Barskunes" o Barscunes cuya traducción podría ser "Gentes de las montañas" y los testimonios escritos romanos diferencian a los "vascones" de los "aquitanos" y Estrabón cita a "ouascones"
El general romano Pompeyo fundó la actual capital Navarra, Pamplona.
Visigodos
Tras la caída de los romanos se producen los años oscuros de los que pocas noticias escritas tenemos de cómo pudieron haber sido.
En las crónicas de diversos reyes visigodos (Wanda, Ludovico...) aparecen hasta en nueve monarcas consecutivos, frases que aluden a que dicho rey visigodo dominó a los vascones ("domuit vascones"), idea que posteriormente repite la siguiente crónica real, lo que se ha argumentado como prueba de que los llamados "vascones" nunca fueron en realidad dominados, aunque dicha afirmación es contradicha por otros autores
La Invasión musulmana
Durante el invierno del 713 los ejércitos musulmanes alcanzaron el valle medio del Ebro que se encontraba gobernado por el conde hispanovisigodo Casio quien eligió someterse al califa de Omeya y convertirse al Islam dando origen a la estirpe de los Banu Qasi a cambio de mantener su poder en la región. Pamplona sin embargo fue finalmente ocupada tras oponer resistencia en el 718 y obligada a pagar tributo a los gobernadores musulmanes que establecieron un protectorado.
El Ducado de Vasconia
La derrota musulmana en la batalla de Poitiers en 732 frente a los francos de Carlos Martel debilitaron la posición musulmana pero el valí Uqba recondujo la situación instalando una guarnición militar en la ciudad entre el 734 y el 7411. El territorio de los vascones al norte de los Pirineos se incorporó al Ducado de Vasconia bajo Carlos Martel, mientras que el sur de la cordillera se reorganizaba en torno a la ciudad de Pamplona.
La Marca Hispánica fue la frontera político-militar del Imperio Carolingio al sur de los Pirineos. Tras la conquista musulmana de la Península Ibérica, este territorio fue dominado mediante guarniciones militares establecidas en lugares como Barcelona, o Gerona. A fines del siglo VIII, los Carolingios intervinieron en el noreste peninsular con el apoyo de la población autóctona de las montañas. El territorio ganado a los musulmanes se configuró como la Marca Hispánica, integrada por condados dependientes de los monarcas Carolingios. La marca hispánica iba de Pamplona hasta Barcelona.
Los condados occidentales se convierten en reinos independientes y mantienen buenas relaciones con los estados vecinos musulmanes; así los Banu Qasi del rico Valle del Ebro, casan en 784 aMusa ibn Fortún con Onneca, casada anteriormente con el vascón Íñigo Jiménez y madre de Íñigo Íñiguez, que más tarde sería el primer rey de Pamplona.
Carlomagno aprovechando la rebelión del gobernador de Zaragoza para intervenir en la Península, atravesó con un ejército franco el territorio vascón y destruyó las defensas de Pamplona en su avance hacia Zaragoza, donde a su llegada el cambio de las alianzas de los sublevados le obligo a retirarse. El interés de Carlomagno en los asuntos hispánicos le movió a apoyar una rebelión en el Vilayato de la Marca Superior de al-Ándalus de Sulaymán al-Arabi, que pretendía alzarse a emir de Córdoba con el apoyo de los francos, a cambio de entregar al emperador franco la plaza de Saraqusta.
Carlomagno llegó en el año 778 a las puertas de la ciudad. Sin embargo, una vez allí, el valí de Zaragoza, Husayn se negó a franquearle la entrada al ejército carolingio. Debido a la complejidad que supondría un largo asedio a una plaza tan fortificada, con un ejército tan alejado de su centro logístico, desistió. El 15 de agosto de 778, camino de vuelta a su reino por el paso de Roncesvalles, entre el collado de Ibañeta y la hondonada de Valcarlos, Carlomagno con el más poderoso ejército del siglo VIII. Tras reducir a ruinas la capital de los vascones, Pamplona, aliados de los Banu Qasi. Sufrió una contundente emboscada por partidas de nativos vascones, probablemente instigados por los fieles a los hijos de Sulayman, Aysun y Matruh ben Sulayman al-Arabí. Que provocaron un descalabro general a la retaguardia de su ejército, mandada por su sobrino Roldán, a base de lanzarles rocas y dardos. La Chanson de Roland, inmortalizó el evento. La independencia de los condados occidentales respecto del rey Carlomagno se decidió en el fracaso de la toma de Saraqusta.
El Reino de Pamplona
La colaboración entre los vascones y los Banu Qasi (s.VIII a S.X) frente a los francos resultaría en la formación del Reino de Pamplona con la proclamación de Íñigo Arista, su primer soberano.
Dinastía Jimena
Finalizada en el 905 la "dinastía Íñiga" con el destronamiento de Fortún Garcés, se inicia la "dinastía Jimena" con el reinado de Sancho Garcés I que reclamó violentamente los derechos de su esposa, la reina Toda; dicha dinastía continuaría con su hijo, Jimeno Garcés, y posteriormente con García Sánchez I.
Sancho Garcés II de Navarra (970–994), es el primero del que existe constancia escrita de que se denominara "Rey de Navarra" con motivo de la donación de la villa de Alastué hecha por el rey de Pamplona al monasterio de San Juan de la Peña en 987:
"reinando Yo, D. Sancho, rey de Navarra, en Aragón, en Nájera y hasta Montes de Oca ..."
En esta época los reinos de León, Navarra y el condado de Castilla estaban unidos por lazos familiares.
Sancho Garcés III (1000–1035). Con Sancho Garcés III el Mayor, el Reino de Navarra alcanzó su mayor extensión, abarcando casi todo el tercio norte peninsular, desde Astorga a Ribagorza. Sancho III fue el gran impulsor de la ciudad de Nájera, convirtiéndola en la capital del primer Imperio Hispánico. En ella celebró Cortes y le otorgó el famoso fuero de Nájera, origen de la legislación Navarra y base del derecho nacional. Durante su reinado construyó en Nájera una ceca, donde se acuñó la primera moneda de la Reconquista con su efigie y la palabra "IMPERATOR" en su anverso y "NAIARA" junto a una cruz en el reverso. Favoreció las peregrinaciones a Santiago de Compostela, estableciendo albergues y hospitales, y convirtiendo a la ciudad en punto clave de la ruta jacobea del Camino de Santiago.
Tras su muerte correspondió al primogénito García Sánchez III el Reino de Navarra y la gestión personal de los territorios patrimoniales de Nájera y Pamplona, así como la hegemonía política sobre los demás, cuya administración se encargó a sus demás hijos Fernando I de Castilla, Ramiro I de Aragón y Gonzalo Sánchez.
El testamento paterno no fue respetado y cada hijo se hizo dueño de los territorios que le fueron concedidos entablándose disputas territoriales entre ellos.
Sancho Garcés IV de Navarra, "el de Nájera", fue nombrado rey el 1 de septiembre de 1054 en la Batalla de Atapuerca tras morir en ésta su padre. Las pretensiones expansionistas de Sancho II "el Fuerte" de Castilla provocaron la llamada Guerra de los Tres Sanchos (1067), en la que el rey de Navarra contó con la ayuda de Sancho Ramírez de Aragón, venciendo en la lid el navarro. Fue asesinado el 4 de junio de 1076 por su hermano Ramón su hermana Ermesinda en Peñalén y su muerte originó la invasión de Navarra por Alfonso VI de Castilla, que ocupó La Rioja, de forma temporal, y por Sancho Ramírez de Aragón, conocido como Sancho I de Aragón y como V de Navarra, que inició la relación del reino de Navarra con el Reino de Aragón que posteriormente continuaría Pedro I de Aragón, Alfonso I (el Batallador) que por su belicosidad, en los 30 años que duró su reinado, duplicó los límites del Reino de Aragón.
Ante el disgusto de la Iglesia y de los nobles como resultado de su testamento, se llegó al acuerdo de que en Aragón le sucediera su hermano Ramiro, que reinó como Ramiro II "el Monje" y en Navarra reinara uno de sus hijos bastardos Ramiro Sánchez, siendo conocido como García Ramírez "el Restaurador", que estaba casado con Cristina de Vivar, la hija del Cid Campeador.
Le sucedió Sancho VI, que al inicio de su reinado debió enfrentarse a dificultades que lo impulsaron a realizar reformas jurídicas y administrativas destinadas a mejorar la hacienda real. Es considerado el fundador de la ciudad de San Sebastián, a la que concedió fuero de villa en 1180.
Su hijo, Sancho VII "el Fuerte", rey de Navarra entre 1194 y 1234, tuvo una decisiva participación en la Batalla de Las Navas de Tolosa (1212), donde obtuvo un enorme botín. En esta batalla, las tropas de Sancho el Fuerte llegaron hasta la tienda del Miramamolín cortando las cadenas que la protegían. Se dice que en recuerdo de esta gesta, el rey Sancho hizo sustituir el antiguo escudo del reino navarro (arrano beltza, compuesto de oro con águila de sable), por el actual escudo (de gules con cadenas de oro).
Dinastía de Champaña
A la muerte sin descendencia de Sancho VII, subió al trono en Tudela el 7 de abril de 1234 su sobrino Teobaldo I el Trovador, con lo que comenzó a reinar en Navarra la dinastía de Champaña y supuso el fin de la dinastía Jimena. Selló pactos con Castilla, Aragón e Inglaterra, que le permitieron consolidarse en la corona.
Teobaldo II el Joven, heredó el trono en 1253 con tan sólo catorce años de edad. Continuó con la mejora de la administración de ingresos y gastos del reino ya iniciados por su antecesor, realizando el primer recuento de la población del reino, cuya cifra aproximada se situó en más de 30.000 fuegos, unos 150.000 habitantes. Las cuentas de 1266 permiten concluir que el 6,75% de los ingresos se dedicaban a burocracia civil, el 33,84% a la administración militar y el 59,6% al rey y su gestión.
Enrique I el Gordo] fue brevemente rey de Navarra entre 1270 y 1274, año en el que falleció debido a su obesidad pasando la corona a Juana I, Hija de Enrique I y de Blanca de Artois, fue reina de Navarra entre 1274 y 1305, y condesa de Champaña y de Brie (1273-1305) y reina de Francia entre 1285 y 1305, debido a su boda con el futuro Felipe el Hermoso de Francia. Fue la última de la casa de Champaña. Sucedió a su padre Enrique I, con apenas tres años de edad, actuando de regente su madre. Esta situación supuso un aumento de las presiones de castellanos, aragoneses y franceses, por casarse con la heredera e incorporar así el reino a sus dominios, pero apostando por el heredero francés, la historia del reino de Navarra queda, desde este momento, unida a la historia del reino de Francia.
En 1304 Juana enfermó, y transfirió el título a su primogénito, Luis I de Navarra, de quince años a quien casó el mismo año con Margarita, hija del Duque de Borgoña. Según otras versiones, fue su esposo quien siguió como rey de Navarra, no gobernando el hijo hasta la muerte de su padre en 1314, cuando se convirtió en Luis I de Navarra y X de Francia.
Los tres hijos de Juana y Felipe (Luis, Felipe y Carlos) fueron sucesivamente reyes de Francia y Navarra, ya que todos murieron sin descendencia. Al morir Carlos, se planteó en Francia un problema sucesorio que llevaría al estallido de la Guerra de los Cien Años; sin embargo, en Navarra no tenía vigencia la ley sálica, es decir, que las mujeres no quedaban excluidas de la sucesión al trono, lo que permitió que una hija de Luis I, Juana II fuese Reina de Navarra entre 1328 y 1349.
La reina había contraído matrimonio, cuando ella tenía seis años, con Felipe de Evreux, que tenía doce años, de manera que se conoció a esta nueva dinastía con el nombre de Casa de Evreux. En su reinado se "amejoró" el fuero y tuvo lugar la creación de algunos órganos de gobierno, como el Consejo Real que colaboró con el rey en tareas legislativas y judiciales, el tribunal superior de justicia, así como la Cámara de Comptos encargada de la recaudación de impuestos y de la hacienda regia. De este reinado data el primer testimonio sobre el juego de pelota vasca, correspondiente a la construcción de un tablado en el claustro de los dominicos de Pamplona para que el rey pudiera ver el juego “a la palma”.
Carlos II el Malo, rey de Navarra (1349-1387), fue protagonista de una desmedida política internacional que desbordó los limitados recursos del reino. El ejército castellano cerca Pamplona viéndose Carlos obligado a firmar el Tratado de Briones (1373 y 1379) que permite a Castilla retener durante casi una década una quincena de plazas navarras que había conquistado en la guerra, lo que supuso el final de las ambiciones políticas del rey. Esta política oscilante e incoherente se explica por la necesidad de mantener un precario equilibrio con las potencias que rodeaban Navarra -Castilla, Gascuña inglesa (salidas al mar), Aragón y Francia-, todas y cada una capaces por sí mismas de anexionarse el pequeño Reyno de Navarra.
Carlos III el Noble Su matrimonio con Leonor de Trastámara, hija del rey Enrique II de Castilla, en 1375 puso fin a los conflictos entre ambos reinos y creó una relación de amistad que continuó en tiempos de los reyes de Castilla Juan I y Enrique III. Procuró la distensión de relaciones con Castilla, Aragón, Francia e Inglaterra mediante una política de colaboración, apoyo al papado de Aviñón y relaciones matrimoniales. Instituyó el título de Príncipe de Viana (1423) para los herederos al trono del reino navarro, siendo el primero su nieto Carlos.
Destacó como impulsor de las artes, pues concluyó la catedral gótica de Pamplona e hizo edificar los palacios reales de Tafalla y de Olite, donde murió en 1425. Fue el unificador de Pamplona bajo el llamado "Privilegio de la Unión" en 1423 que puso fin a las guerras de Los burgos de Pamplona.
Heredó el trono su hija Blanca I, en 1402 contrajo matrimonio con Martín el Joven, rey de Sicilia y heredero de la Corona de Aragón. Muerto éste en 1409 pasó a gobernar dicha isla, regresó a Navarra y contrajo matrimonio en segundas nupcias con Juan II de Aragón, hijo de Fernando de Antequera y hermano de Alfonso V de Aragón el Magnánimo.
De la unión con Juan II de Aragón nació su hijo Carlos, príncipe de Viana, quien -según las capitulaciones matrimoniales de 1419- debía heredar el reino de Navarra a la muerte de su madre. Pero al morir doña Blanca, su esposo usurpó el trono navarro, alegando entre otras razones el testamento en el que la reina recomendaba a Carlos que no se hiciese coronar sin consentimiento de su padre.
Carlos de Viana, declaró la guerra su padre (1451-1461) lo que supuso una guerra civil en Navarra entre Agramonteses y Beaumonteses, ambas facciones disfrutaron del apoyo de las facciones guipuzcoanas de Gamboínos y Oñacinos respectivamente. Dicha guerra interna persistió a la muerte de Carlos en 1461 y también a la de Juan II en 1479. De entre las familias agramontesas de la época debemos destacar a la de San Francisco Javier que fue introducido en el espíritu misionero al oñacino San Ignacio de Loyola y ex-militar castellano, enfrentado a los hermanos de aquel.
Carlos reclutó el apoyo de Beaumont (beaumonteses) y del propio condestable castellano, Alvaro de Luna. Pero Juan II le derrotó una y otra vez, al tiempo que se casaba con la castellana Juana Enríquez (1447) que le daría un hijo, el futuro Fernando el Católico.
Reinaría Leonor de Foix que se casó en 1441 con el noble Gastón IV de Foix y pasó a residir en Bearn en 1442. En 1455, al desheredar Juan II a su hijo Carlos, Príncipe de Viana, heredero de la corona Navarra a la muerte de Blanca I, y caer en desgracia la otra hija, Blanca, Leonor, con 30 años de edad, pasa a ser el instrumento del rey aragonés contra sus hijos. Éste hizo que se proclamaran herederos del reino a Leonor y a Gastón de Foix, e instituyó gobernadora general del reino a Leonor, que se estableció en la localidad Navarra de Sangüesa. Al morir reivindicó en su testamento todos los títulos de su hermano Carlos, a tenor con lo dispuesto por su madre Blanca I. Dispuso asimismo que fuera su heredero Francisco I de Foix ("Febo"), su nieto, recomendándole que adoptara la protección del rey de Francia, pero durante su breve reinado se hizo cargo de la regencia su madre Magdalena de Francia. Su nombramiento fue apoyado por los agramonteses. Los beamonteses se situaron entonces tras Fernando el Católico, artífice de un protectorado militar castellano sobre Navarra para evitar una posible intervención francesa.
Catalina de Foix fue reina de Navarra, Duquesa de Gandía, Condesa de Foix, Bigorra y Ribagorza, Duquesa de Montblanc, Duquesa de Peñafiel, Vizcondesa de Béarn. Hija menor Gastón de Foix, Príncipe de Viana y de Magdalena de Francia, hermana del rey Luis XI. Se casó con Juan III de Albret (1484) al cumplir los dieciséis años. La prematura muerte de su hermano mayor Francisco Febus (1483) la convirtió en la reina de Navarra.
La muerte en Medina del Campo de su hija Magdalena, rehén de Fernando el Católico (1504), provocó nuevas guerras entre los monarcas navarros y el conde de Lerín, (1506-1508).
Invasión castellana
Fernando el Católico, que era hermanastro del fallecido Príncipe de Viana (hijo de Juan II y su segundo matrimonio con Juana Enríquez), aprovechando el apoyo que ofrecía a los beamonteses, invadió el Reino el 21 de julio de 15122. Un ejército castellano con guías beamonteses entró en Navarra desde Álava al mando de Fadrique Álvarez de Toledo, segundo duque de Alba.
Para esta acción, se argumentó que los reyes de Navarra habían firmado el tratado de Blois (tratado por el que afirmaban «ser enemigos de mis enemigos» y tomaban como aliados a los franceses para conseguir estabilidad, habiéndose convertido por tanto Navarra en un estado beligerante y no neutral, Fernando el Católico tuvo a su favor el hecho de que el papa Julio II excomulgara a los reyes de Navarra y les desposeyera del reino alegando connivencias de la casa real Navarra con el protestantismo que se estaba extendiendo por el sur de Francia y su alianza con el monarca francés, declarado cismático en el V Concilio de Letrán.
La citada inclinación que sentían los reyes navarros por la política francesa se sumaron a las negociaciones para casar a su primogénito Enrique, Príncipe de Viana, con una hija de Luis XII de Francia, y Fernando el Católico envió al Duque de Alba a conquistar el Reino de Navarra en 1512.
El hecho de que Pamplona, la capital (dominada por el bando beaumontés), se rindiera en tres días (cayó el 25 de julio) determinó una operación total en el reino. En otros lugares, la resistencia fue mayor: Lumbier hasta el 10 de agosto, Estella hasta agosto, Roncal hasta el 9 de septiembre, al igual que Tudela, que fue el mayor bastión agramontés, donde para tomarlo tuvieron que venir fuerzas de Aragón3. Los reyes navarros Juan y Catalina se refugiaron en sus dominios situados al norte de los Pirineos, incluyendo la Baja Navarra, donde siguieron reinando.
Navarra había estado en guerra durante años y, por lo tanto eran numerosas sus defensas y experimentados los combatientes, pero su caída a manos de los castellanos fue relativamente rápida, según algunos autores, por no estar preparada frente a los avances tecnológicos en materia militar que sí disponían los invasores.
En 1513, las Cortes de Navarra, convocadas en Pamplona por el virrey castellano y sólo con la asistencia de beamonteses, nombraron a Fernando el Católico rey de Navarra. El 7 de julio de 1515 las Cortes de Castilla en Burgos, sin ningún navarro presente4, anexionan el Reino de Navarra al de Castilla. El nuevo rey se comprometió a respetar los fueros del reino y los reyes posteriores continuaron jurando las leyes propias navarras.
Desde esta invasión Navarra quedaría dividida en dos partes a cada lado de los Pirineos: Navarra Continental y Navarra Peninsular, aunque la conquista de la Alta Navarra no finalizó aquí, ya que Catalina de Foix y Juan III de Albret, y posteriormente Enrique II, apoyados por los monarcas franceses, hicieron hasta tres intentos militares de recobrar el reino.
El primero lo realizaron ese mismo año, en noviembre, cuando un ejército de navarros agramonteses, franceses y mercenarios se adentraron en el reino con 15.000 hombres al mando de Juan de Albret y el general La Palice. Varias ciudades del interior se alzaron, como Estella, Cábrega, Villamayor de Monjardín y Tafalla, llegando a sitiar Pamplona del 3 al 30 de noviembre. Ante la llegada de refuerzos castellanos por el Perdón, se realizó un asalto precipitado el 27 de noviembre de Pamplona, que fracasó. Debido a la proximidad del invierno, las tropas franco-navarras iniciaron la retirada hacia el Baztán. En el puerto de Velate, la retaguardia fue sorprendida por fuerzas castellanas, en las que predominaban guipuzcoanos oñacinos, al mando de López de Ayala. La batalla de Velate terminó con la derrota y pérdida de más de mil hombres y doce piezas de artillería en los franco-navarros5.
La segunda tuvo lugar en 1516, aprovechando la muerte de Fernando el Católico y la complicada sucesión castellana. El ejército, al mando del mariscal Pedro de Navarra, mal pertrechado y equipado, fue derrotado en el Roncal por el coronel Fernando de Villalba. El mariscal fue hecho prisionero (moriría asesinado en el castillo de Simancas en 1522). Para evitar posteriores problemas, en cardenal Cisneros ordenó la demolición de todas las fortalezas,
En 1516, el cardenal Cisneros, regente de Castilla, ordena eliminar todos los signos defensivos de Navarra, exceptuando las estratégicas y las pertenecientes a los aliados beaumonteses, debido a la imposibilidad de defender con el ejército castellano todos los castillos. Navarra llegó a tener más de un centenar de castillos en todo lo que fue el Reino de Navarra6.
Sin éxito la vía militar, se intentó la diplomática. Así tuvieron lugar dos encuentros entre las partes, en Noyón (1516) y Montpellier (1519), que no arrojaron ningún éxito, por lo que los reyes navarros, apoyados por Francia, realizaron un último intento bélico.
En 1521, aprovechando la Guerra de las Comunidades que asolaba Castilla, y reinando Enrique II, que contaba con el apoyo incondicional de su cuñado Francisco I de Francia, deseoso de debilitar a toda costa a Carlos I, tuvo lugar un alzamiento generalizado en toda Navarra, incluyendo las ciudades beaumontesas, al tiempo que un ejército franco-navarro que vino por el norte, consiguió reconquistar toda Navarra. En mayo de 1521 fue herido el que posteriormente sería conocido como San Ignacio de Loyola mientras defendía Pamplona de la sublevación de los habitantes de la ciudad, cuando fuerzas navarro-gasconas entraron en la Alta Navarra para recuperar el reino, entre los que se encontraban los hermanos de San Francisco Javier.
Sin embargo, el ataque se había demorado demasiado, no produciéndose hasta mayo, cuando en abril los comuneros habían sido aplastados por las tropas reales. Además, en vez de consolidar la victoria, el ejército navarro quiso entrar en Logroño, lo que hizo que el ejército castellano se reorganizara con tres cuerpos de ejército. Finalmente, el ejército navarro se constituyó en un ejército de ocupación de facto, impidiendo el retorno del rey Enrique a Pamplona, lo que causó el descontento popular.
El enfrentamiento se produjo en la cruenta batalla de Noáin (30 de junio de 1521), a las afueras de Pamplona, donde no menos de 5.000 combatientes perdieron la vida. Tras esta derrota, los restos del ejército franco-navarro se dispersaron, aunque hacia octubre algunos combatientes se hicieron fuertes en el castillo de Maya (valle de Baztán), donde resistieron hasta el 19 de julio de 1522 y en Fuenterrabía, que resistió hasta marzo de 15243. En diciembre de 1523, Carlos I decretó un perdón para los sublevados, excluyendo a unos setenta miembros de la nobleza Navarra. Tras la caída de Fuenterrabía, el emperador decretó un nuevo perdón, incluyendo a los excluidos del anterior, a condición de que se le prestase juramento de fidelidad. Así terminaron los intentos tanto por recobrar la independencia de la Alta Navarra como de consolidar la influencia sobre ella de la corona francesa.
Navarra continental
Tras una breve ocupación de las inmediaciones de San Juan de Pie de Puerto por parte de las tropas del emperador Carlos V, en 1528, éste decide abandonar Ultrapuertos por su difícil defensa desde la península y debido a sus relaciones, los herederos de la corona Navarra asentada en el actual territorio francés llegarían a ser reyes de Francia.
La reina Catalina de Foix desde 1513 y hasta el momento de su muerte en 1518, ejerció su reinado sólo sobre la parte de Navarra al norte de los Pirineos (llamada Baja Navarra o Merindad de Ultrapuertos) a la que sucedieron en el reino de Navarra Enrique II, Juana III de Albret, el Borbón Enrique III de Navarra y que además fue rey de Francia como Enrique IV de Francia. Los siguientes serían reyes de Francia y Navarra. Seguiría Luis XIII de Francia y Navarra (el Justo) La imagen de este rey está inseparablemente ligada a la de su primer ministro, el Cardenal Richelieu, quien le ayudaría en la reorientación de la monarquía francesa.
Continuaría esta dinastía la casa real francesa:
• Carlos X de Francia (1824-1830) de facto (1830-1836) pretendiente
• Luis XIX de Francia (1830) (1836–1844) pretendiente
• Enrique V de Francia (1830) (1844–1883) pretendiente
• Juan III de Francia (1883-1868) pretendiente
• Carlos XI de Francia (1868-1909) pretendiente
• Jaime I de Francia (1909-1931) pretendiente
• Carlos XII de Francia (1931-1936)) pretendiente
• Alfonso I de Francia (1936-1941) pretendiente
• Enrique VI de Francia (1941-1975) pretendiente
• Alfonso II de Francia (1975-1989) pretendiente
• Luis XX de Francia (1989-presente) pretendiente. Actual Jefe de la Casa Real de Borbón.
Navarra peninsular
Desde 1513 la actual Navarra peninsular quedará integrada en la Monarquía Hispánica y gobernaba un virrey y seguía siendo un reino, presentando inestabilidad de calado y permaneciendo leal a la corona castellana cuando hacia 1640 el sistema territorial de la monarquía de los Austrias entra en crisis con la separación de Portugal y la revuelta de Cataluña. Pese a todo, y de manera paulatina, conforme la rivalidad franco-española se traslade a otros ámbitos, Navarra se convertirá en un reino olvidado y cada vez más marginado de los focos de poder político y económico.
La dinastía Habsburgo establecerá en Pamplona la figura de un virrey, permaneciendo con gran actividad las cortes del reino.
Lista de virreyes de Navarra (1512)
• Pedro de Navarra (1516)
• Joannes Leizarraga (1525)
• Diputación del Reino (1576)
La reducción Foral
Durante la Guerra de Sucesión Española, Navarra se posicionará a favor del duque de Anjou (futuro Felipe V) en lugar de por el archiduque Carlos de Austria y tanto Tudela como Sangüesa fueron ocupadas por las tropas austracistas. A la finalización del conflicto, Navarra, al igual que las provincias vascas, conservaron sus fueros frente a los reinos de la Corona de Aragón, declarados traidores por Felipe V y despojados de sus prerrogativas forales por los Decretos de Nueva Planta.
Lógicamente, la nueva dinastía reinante se mostró mucho más centralista y menos pactista que la Habsburgo y en diversas ocasiones el régimen foral fue puesto en entredicho desde el gobierno de la monarquía.
El 14 de noviembre de 1833 los rebeldes carlistas eligieron en Estella a Tomás de Zumalacárregui como su jefe.
El murciano Rafael Maroto a cargo de las tropas carlistas del Norte y Baldomero Espartero como representante del gobierno de Isabel II, el 29 de agosto de 1839, firman el Convenio de Oñate que puso fin a la Primera Guerra Carlista (1833-1840)en el norte de la península, confirmado con el conocido como "el Abrazo de Vergara" entre Maroto y Espartero el 31 de agosto. Maroto no contaba con el apoyo del pretendiente don Carlos y tampoco con la avenencia de parte de sus tropas, y, además, poco antes había ordenado fusilar a destacados generales navarros en Estella, por lo que dicho convenio también se conoce como "La Traición de Maroto"; el 14 de septiembre de 1839 el pretendiente carlista las tropas que le permanecían fieles cruzaron la frontera francesa y la guerra iniciada en 1833, con el apoyo mayoritario de la población de Navarra al pretendiente real don Carlos, terminó en el frente norte.
En este convenio también se acuerda eliminar ciertas particularidades forales para adecuarlas a la constitución de 1837 (Artículo 1. °. El capitán general, don Baldomero Espartero, recomendará con interés al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.), según posteriormente se reflejaría en el Ley de Confirmación de Fueros de 1839, con el compromiso de respetar los fueros «sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía», "oyendo" a Navarra y a las provincias vascongadas.
Navarra es tratada como vencida [2] por el gobierno liberal que quería imponer sus principios centralistas y ansiaba suprimir los fueros por considerarlos privilegios medievales injustos y por ello los liberales de la Diputación provincial con Yanguas Miranda como cabeza visible, negocian con el gobierno central la supresión de casi todos los privilegios forales. En ese contexto de derrota, fueron pocas las voces que se levantaron contra el proceso de abolición del Reino de Navarra, caben destacar los informes y escritos de Ángel Sagaseta de Ilurdoz Garraza último Síndico de las Cortes del Reino.
De esta manera en 1841 y mediante la Ley de Modificación de Fueros de Navarra, después llamada Ley Paccionada Navarra, el milenario Reino de Navarra dejó de existir y pasó a ser considerada como una «provincia foral», con lo que pierde definitivamente su soberanía en favor de una soberanía española. Con ello pierde prerrogativas, como la exención del servicio militar y la acuñación de moneda propia, así como viendo el traslado de las aduanas del Ebro a los Pirineos. Sin embargo, la provincia seguía reteniendo amplia autonomía fiscal, administrativa y tributaria consignada en la Ley Paccionada de 1841.
El calificativo de "Paccionada", en teoría haría referencia a que su promulgación fue pactada con la Diputación Provincial, cuando en la práctica fue una ley impuesta, incumpliendo lo dispuesto en 1839, pues los negociadores navarros se atribuían una representación inexistente, dado que la población era mayoritariamente carlista, además de que habían sido nombrados directamente por el Gobierno Central[3].
El ministro de Sagasta, Germán Gamazo, intentó suprimir en 1893 la autonomía fiscal de la Ley Paccionada, se produjo una reacción popular e institucional denominada como «Gamazada». Esta normativa no se llegó a aplicar debido a que el ministro dimitió por otras razones, entre otras, por la rebelión en Cuba de 1895.
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