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Cataluña
Himno: Els segadors
Capital: Barcelona
Lenguas oficiales: Castellano, catalán y occitano (en su variedad aranesa).
Lengua propia: Catalán - Occitano (en el Valle de Arán)
Gentilicio: Catalán/catalana
Estatuto de autonomía: 20 de julio de 2006
ISO 3166-2: CT
Fiesta oficial: 11 de septiembre (Diada)

Cataluña (en catalán Catalunya, en aranés Catalonha) es una comunidad autónoma española situada al nordeste de la Península Ibérica. Ocupa un territorio de unos 32.000 km² que limita al Norte con Francia y Andorra, al Este con el Mar Mediterráneo con una franja marítima de unos 580 kilómetros, al Sur con la Comunidad Valenciana, y al Oeste con Aragón. Esta situación estratégica ha favorecido una relación muy intensa con el resto de países mediterráneos y con la Europa continental. La capital de Cataluña es la ciudad de Barcelona.
Cataluña tiene actualmente 7.197.174 habitantes[cita requerida] en un total de 946 municipios de los que 59 superan los 20.000 habitantes (en los que vive el 70 por ciento de la población catalana). Dos tercios de la población vive en la Región Metropolitana de Barcelona.
Cataluña es reconocida como nacionalidad en su Estatuto de autonomía, al amparo de lo dispuesto en el artículo segundo de la Constitución española, que reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las mismas.

Lengua
De acuerdo con su Estatuto de autonomía, el catalán es la lengua propia de Cataluña. Además, según lo dispuesto en la Ley de Política Lingüística, la singulariza como pueblo. También es el idioma oficial de este territorio, así como también lo es el castellano, oficial en toda España. El aranés, variedad de la lengua occitana propia del Valle de Arán, es también oficial ahora en toda Cataluña, según el Estatuto de Autonomía vigente9. La Generalidad ha venido desarrollando legislación que promueve y protege el uso social del catalán, al amparo de lo dispuesto en el Estatuto y en la Constitución. Asimismo, en julio de 2007 la Generalidad anunció la creación de una oficina de impulso del occitano, en tanto que lengua propia del Valle de Arán y oficial en Cataluña, llamada Occitan en Catalonha (Occitano en Cataluña)
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Escudo comunidad de CataluÑa (Izquierda)
Bandera comunidad de CataluÑa (derecha)

 

 

Prehistoria en Cataluña
Los primeros pobladores del territorio que actualmente ocupa Cataluña se remontan a los inicios del Paleolítico Medio. Los restos más antiguos descubiertos corresponden a la mandíbula de un preneandertal encontrada en Bañolas, de unos 25.000 años de antigüedad.
Entre los yacimientos más importantes de este periodo destacan el de las cuevas de Mollet (Serinyà, Pla de l'Estany), el Cau del Duc, en el macizo del Montgrí, el yacimiento de Forn d’en Sugranyes (Reus) y los abrigos Romaní i Agut (Capellades), mientras que para el Paleolítico Superior destacan los de Reclau Viver, la cueva de la Arbereda y la Bora Gran d’en Carreres, en Serinyà, o el Cau de les Goges, en Sant Julià de Ramis.
De la siguiente etapa prehistórica, el Epipaleolítico o Mesolítico, se han conservado importantes yacimientos, la mayor parte datados entre el 8000 y el 5000 a.C., como el de Sant Gregori (Falset) y el Filador (Margalef de Montsant).
El período Neolítico se inicia en tierras catalanas hacia el 4500 a.C., aunque en un grado de sedentarización de los pobladores mucho menor que en otros lugares, gracias a la abundancia de bosques, lo que propició que la caza y la recolección siguieran siendo actividades fundamentales y que el establecimiento de asentamientos se demorase en muchos lugares. Los yacimientos neolíticos más importantes de Cataluña son la cueva de Fontmajor (l'Espluga de Francolí), la cueva de Toll (Morà), las cuevas Gran i Freda (Montserrat) y los abrigos de Cogul y Ulldecona.
El período Calcolítico o Eneolítico se desarrolla en Cataluña entre el 2500 y el 1800 a.C., momento en el cual se construyen los primeros objetos de cobre.
La Edad del Bronce se sitúa cronológicamente en el periodo 1800-700 a.C., de la cual se conservan escasos restos, pero destacan unos poblados formados en la zona del Bajo Segre. La Edad del Bronce coincide con la llegada de los pueblos indoeuropeos, a través de sucesivos flujos migratorios que se desarrollan desde el año 1200 a.C., responsables la creación de los primeros poblados de estructura protourbana.
A partir de mediados del siglo VII a.C. el territorio catalán alcanzará el periodo conocido como Edad del Hierro.

La Edad Antigua en Cataluña
Este periodo se caracteriza en una primera etapa confluencia de diferentes culturas colonizadoras en el actual territorio catalán, en particular la griega y la cartaginesa, que darán lugar a la formación, como en el resto de la península, de la cultura ibérica.
De esta etapa es la formación de Ampurias, en la costa gerundense, enclave comercial impulsado por la ciudad griega de Focea desde Massalia (actual Marsella), en el siglo VI a.C..
En lo que se refiere a la civilización ibérica, se ha constatado la existencia de diferentes tribus dispersas por tierras catalanas, entre ellos los indigetes (en el Ampurdán), los ceretanos (en la Cerdaña) o los airenosinos (en el Valle de Arán).
Se distinguen cuatro grandes periodos en el actual territorio de Cataluña. El inicial, que abarca del siglo VIII al VII a.C., que corresponde a una etapa de formación, en que los pueblos indígenas entran en contacto con pueblos colonizadores, y en el que aparecen los primeros objetos de hierro. El segundo es el periodo antiguo, del siglo VII a.C. a mediados del V a.C., en el que se consolida el proceso de iberización. Le sigue un período de plenitud, que va de mediados del siglo V hasta el siglo III a.C. Y, finalmente, la fase de decadencia, que se inicia en el 218 a.C. con la presencia de Roma, en que la cultura ibérica es absorbida por el potente impulso de la romanización.
La segunda etapa de la historia antigua en Cataluña corresponde al período de romanización, iniciado en el siglo III a.C. La llegada de los romanos a la Península Ibérica tuvo lugar en el 218 a.C., con el desembarco de Cneo Cornelio Escipión en Ampurias, con el objetivo de cortar las fuentes de aprovisionamiento de los ejércitos del cartaginés Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica.
Tras la derrota de los cartagineses y de diferentes tribus ibéricas sublevadas ante la presencia romana, en el 195 a.C., se completó prácticamente la conquista romana en territorio catalán y se inició el proceso de romanización, a través de la cual los distintos pueblos peninsulares fueron asimilados por la cultura romana y abandonaron sus propios rasgos.
El actual territorio catalán quedó englobado primero en la provincia llamada Hispania Citerior, para formar parte desde el 27 a.C. de la Tarraconense, cuya capital fue Tarraco (actual Tarragona).
Producto del periodo romano será la adopción de toda la estructura administrativa y las instituciones propiamente romanas, el desarrollo de una gran red urbana y viaria, la generalización de un sistema agrícola basado en la trilogía mediterránea (cereales, viña y olivo), la introducción de los regadíos, el desarrollo del derecho romano y la adopción del latín.

Siglos III al X: de la antigüedad tardía a la época feudal
La crisis del siglo III que afectó al Imperio Romano y que originaría su decadencia afectó gravemente al territorio catalán, donde se han detectado importantes niveles de destrucción y procesos de abandono de villas romanas. También de este siglo son las primeras noticias documentales de la presencia del cristianismo en Cataluña. Aunque los datos arqueológicos indican la recuperación de algunos núcleos, como Barcino (Barcelona), Tarraco (Tarragona) o Gerunda (Gerona), la situación no volvió a ser la de antes, las ciudades se amurallaron y los núcleos se redujeron.
En el siglo V, con motivo de la invasión generalizada del Imperio Romano por parte de los pueblos germánicos, los visigodos, liderados por Ataúlfo, se instalaron en la Tarraconense (410) y cuando en el 475 el rey visigodo Eurico formó el reino de Tolosa, incorporó el actual territorio catalán. Los visigodos dominaron el territorio hasta inicios del siglo VIII, primero desde Tolosa y luego desde Toledo.
En el 718, la conquista musulmana llegó al noreste de la península y pasó a la Septimania, un proceso que tuvo lugar sin graves conflictos bélicos, excepto en algunos casos como el de Tarragona. La posterior reacción carolingia ante la presión islámica supuso la ocupación por su parte en el último cuarto del siglo VIII de las actuales comarcas pirenaicas, de Gerona y, en el 801, de Barcelona, tras la cual se formó una zona fronteriza que seguía los ríos Llobregat, Cardener y el curso medio del Segre, que se conocería como Marca Hispánica. Este territorio se organizaba políticamente en diferentes condados dependientes del rey franco.
Sin embargo, a finales del siglo IX, el monarca carolingio Carlos el Calvo designó a Wifredo el Velloso, un noble descendiente de una familia del Conflent, conde de Cerdaña y Urgel (870), y conde de Barcelona y Gerona (878), lo cual suponía la reunión bajo su mando de buena parte del territorio catalán, aunque a su muerte los condados se repartieron entre sus hijos, Barcelona, Gerona y Osona fueron ya en adelante, excepto durante un breve periodo, un único condado.
Durante el siglo X, los condados catalanes se convirtieron en verdaderos condados independientes del poder carolingio, un hecho que el conde Borrell II oficializó en el 987 al no prestar juramento al primer monarca de la dinastía de los Capeto. En estos años de formación de los condados catalanes, se desarrollaron los primeros pasos de repoblación del territorio tras la invasión musulmana. Así, durante los siglos IX y X se creó una sociedad donde predominaban pequeños propietarios libres, llamados aloers, enmarcados en una sociedad agraria donde cada núcleo familiar producía lo que consumía, generando muy pocos excedentes.

Siglo XI al XV: la Cataluña feudal medieval
El siglo XI se caracteriza en Cataluña por el desarrollo de la sociedad feudal, como consecuencia de las presiones señoriales para desarrollar lazos de vasallaje con los campesinos libres (alodiales, en catalán aloers). Los años centrales del siglo se caracterizaron por una guerra social virulenta, donde la violencia señorial arrolló a los campesinos, gracias a las ventajas que obtenían de las nuevas tácticas militares, basadas en la contratación de mercenarios bien armados y a caballo.
Así, a finales del siglo, la mayoría de los campesinos propietarios se habían convertido en siervos sometidos al señor. Este proceso coincidió con un debilitamiento del poder de los condes y la división del territorio en numerosos señoríos, que con el tiempo daría paso a la articulación de un Estado feudal basado en complejas fidelidades y dependencias, en lo alto del cual se encontraría el conde de Barcelona, tras el triunfo sobre el resto de señores de Ramón Berenguer I. Con el tiempo, los condes de Barcelona vincularían todos los demás condados catalanes al condado que posteriormente pasaría a formar parte de la Corona de Aragón.

Hasta mediados del siglo XII, los sucesivos condes de Barcelona intentaron ampliar sus territorios en múltiples direcciones, lo que les reportó la incorporación del condado de Besalú (1111), de parte del condado de Ampurias, el de Cerdaña y, transitoriamente, el de Provenza (1112). Por su parte, en 1118 la Iglesia catalana se independizó de la sede de Narbona y fue restaurada la sede de Tarragona.
Más tarde, bajo el gobierno del conde Ramón Berenguer IV (1131-1162), se produjeron diferentes hechos fundamentales para la historia de Cataluña. El primero, su boda con Petronila de Aragón, lo que supuso la unión del condado de Barcelona y del Reino de Aragón, por lo que con el tiempo el territorio común sería conocido como Corona de Aragón. Fruto de esta unión Ramón Berenguer se prohijó en Barbastro y aportó su patrimonio condal a la casa de Aragón. Y así el rey aragonés Ramiro, quien nunca cederá su dignidad real aunque sí posteriormente el dominio, lo pacta con el conde barcelonés (Archivos Corona Aragón, pergaminos, carp. 35, nº86). Desde este momento, Ramón Berenguer materializa las nuevas conquistas políticamente diferenciadas, para no tener que cederlas a la recién creada Corona de Aragón y lo hace a título personal de marquesados, y la mayoría de ellas a fuero de Zaragoza. Y así conquistó Lérida y Tortosa, formando un territorio al sur de la vieja frontera de la Marca Hispánica como entidad política difenciada [cita requerida] que pasó a denominarse Cataluña (siendo en 1194, en el testamento de Alfonso II, la primera constancia escrita que se tiene del uso de esta palabra y fue refiriéndose a estos territorios). Estos territorios fueron repoblados a lo largo del siglo XII y fueron los que dieron nombre al territorio que hoy conocemos como Cataluña, que agrupa los antiguos condados de la casa de Barcelona junto con Lérida y Tortosa. Algunos autores denominan a estos territorios recién conquistados la Cataluña Nueva para distinguirlos de los antiguos condados carolingios pertenecientes a Ramón Berenguer IV junto con los que conformarían el actual territorio catalán, pero realmente es la primera vez en la historia que aparece el término Cataluña para designar territorios adscritos al conde de Barcelona.
A finales del siglo XII, diferentes pactos con el reino de Castilla delimitaron las futuras zonas donde desarrollar nuevas conquistas de territorio musulmán, pero en 1213, la derrota de Pedro II el Católico en la batalla de Muret acabó con el proyecto de consolidación del poder aragonés sobre Occitania. Tras un periodo de agitación, en 1227, Jaime I el Conquistador asumió plenamente el poder como heredero al trono de la Corona de Aragón y se inició la expansión territorial sobre nuevos territorios.
En 1214, nace el Principado de Cataluña, en base de las Cortes Catalanas, como división administrativa de la Corona de Aragón.
En 1265, 150 catalanes fundan Coria del Río, a quienes se otorgó el Fuero de Sevilla, en terrenos cedidos por el rey Alfonso X de Castilla. Estos catalanes habían llegado con Fernando III durante la reconquista de Sevilla en 1248
A lo largo del segundo cuarto del siglo XIII se incorporan a la corona las Islas Baleares y Valencia. Éste último territorio, el Reino de Valencia, pasó a convertirse en un tercer reino de la Corona de Aragón, con Cortes propias y unos nuevos fueros: los Furs de València. En cambio, el territorio mallorquín, junto a los condados de Rosellón y Cerdaña, la ciudad de Montpellier y los señoríos de Omeladés y Carladés, sería entregado en herencia su segundo hijo, Jaime, y formarían el reino de Mallorca, iniciándose así un periodo de tensión interna que concluiría con su anexión a la Corona de Aragón en 1343, por parte de Pedro IV el Ceremonioso.
Entre las décadas finales del siglo XIII y las primeras del XIV, Cataluña vivió épocas de gran plenitud, en las que experimentó un fuerte crecimiento demográfico y una expansión marítima por el Mediterráneo. Esta época coincide con los reinados de Pedro III el Grande, que invadió Sicilia (1282) y tuvo que defenderse de una cruzada francesa contra Cataluña; de Alfonso III el Liberal, que se apoderó de Menorca, y de Jaime II, que invadió Cerdeña y con quién el poderío catalán alcanzó su máxima expansión económica en la Edad Media. Sin embargo, desde el segundo cuarto del siglo XIV se inició un cambio de signo para Cataluña, marcado por la sucesión de catástrofes naturales y crisis demográficas, el estancamiento y recesión de la economía catalana y el surgimiento de tensiones sociales.
El reinado de Pedro IV el Ceremonioso (1336-1387) se caracterizó por graves tensiones bélicas, entre las que se cuentan la anexión del reino de Mallorca, el sofocamiento de una rebelión sarda, de la rebelión de los unionistas aragoneses y valencianos y, sobre todo, la guerra con Castilla. Estos episodios generaron una delicada situación financiera, en un marco de crisis demográfica y económica, pero también un poderoso desarrollo institucional y legislativo, en el que destaca la creación de la Diputación General de Cataluña o Generalidad de Cataluña (1365).
La muerte sin descendencia y sin el nombramiento de sucesor del rey Martín I el Humano en 1410 abrió, además, una grave crisis sucesoria. Ello abrió un periodo de interregno, durante el cual la situación progresivamente iría evolucionando a favor del poderoso candidato de la dinastía castellana de los Trastámara, Fernando de Antequera, quien, tras el Compromiso de Caspe de 1412, fue nombrado monarca de la Corona de Aragón.
El sucesor de Fernando I de Aragón, Alfonso V el Magnánimo, promovió una nueva etapa expansionista, esta vez sobre el reino de Nápoles, el cual dominó finalmente en 1443. Paralelamente, se agravó la crisis social en Cataluña, tanto por los conflictos rurales como urbanos. El desenlace de estos conflictos fue, en 1462, la rebelión de los remensas, protagonizada por los campesinos frente a las presiones señoriales y la guerra civil catalana, que se extendería por un periodo de diez años, tras los cuales la región quedó exhausta, los conflictos remensas no quedaron resueltos y Francia retuvo hasta 1493 los condados de Rosellón y Cerdaña, que fueron ocupados durante el conflicto.
Sería Fernando II de Aragón, el Católico, quien, con la sentencia arbitral de Guadalupe resolvió el conflicto remensa en 1486, reformó en profundidad las instituciones catalanas, recuperó pacíficamente los condados catalanes del norte y amplió la actuación de la corona sobre Italia. Su matrimonio con Isabel la Católica, reina de Castilla, celebrado en Valladolid en 1469, condujo a la Corona de Aragón a una unión dinástica con Castilla, efectiva a su muerte, en 1516, pero ambos reinos conservaron sus instituciones políticas y mantuvieron las cortes, las leyes, las administraciones públicas y la moneda propias.
Siglos XVI al XVIII: Cataluña durante la Edad Moderna

Siglo XVI
Ya desde los tiempos de los Reyes Católicos los catalanes participan directamente en las expediciones y campañas militares españolas. El almirante Cardona conquista Mers-el-Kebir (conocida tradicionalmente en las crónicas españolas como Mazalquivir) en 1505. Pere Bertran i de Margarit , ampurdanés, acompaña a Colón en su segundo viaje. 1
En el siglo XVI, la población catalana inició una recuperación demográfica y una cierta recuperación económica. El reinado de Carlos I fue para Cataluña una etapa de armonía en la nueva estructura que formaban ahora los reinos hispánicos, a pesar de la marginación que Cataluña experimentó en la dinámica anexionista de la monarquía española[cita requerida], tanto por su escasa participación en el descubrimiento de América, como en su ausencia de las grandes empresas europeas de Carlos I y Felipe II. Ello se explica por el paso del peso político y económico internacional del Mediterráneo al Atlántico[cita requerida] y por la preeminencia del reino de Valencia en el espacio de la vieja confederación[cita requerida].
El reinado de Felipe II marcaría, en cambio, el inicio de un proceso de deterioro, aunque en Cataluña no se concretaría en ninguna ruptura. Entre los elementos más negativos de este periodo destacan la piratería berberisca sobre las zonas costeras y el bandolerismo en las zonas interiores. La nueva dinámica y las nuevas fidelidades que generaba originaron también un retroceso en la lengua y en la cultura catalanas, que iniciaron una etapa de decadencia, tras la brillantez de los siglos anteriores.
Durante el reinado de Felipe II, hubo catalanes, como Luis de Requesens que participaron activamente en la política exterior española, tanto diplomáticamente como por el uso de las armas.

Siglo XVII
En 1638 el conquistador catalán Joan Orpí funda Nueva Barcelona en la actual Venezuela.
En el siglo XVII, las crecientes tensiones con la monarquía culminaron en una violenta rebelión, la guerra de los Segadores (1640-1652). Ya con Felipe III, las relaciones experimentaron un claro deterioro, especialmente a causa de los conflictos entre un rey deseoso de aumentar sus recursos económicos, después de haber agotado los de Castilla, y unas instituciones catalanas muy desarrolladas, donde el poder era ostentado por una oligarquía preocupada por mantener su predominio en una coyuntura de grave crisis económica y social.
Durante el reinado de Felipe IV la situación se agravó, especialmente gracias a la actuación del Conde-Duque de Olivares, deseoso de sustentar su ambiciosa política exterior mediante la aportación de los reinos peninsulares, para lo cual intentó distanciarse de la concepción política confederal[cita requerida], que había prevalecido hasta entonces, en beneficio de una concepción unitarista y centralizadora. En Cataluña, el levantamiento tuvo un gran apoyo social[cita requerida], especialmente a causa de las escasas contrapartidas ofrecidas por la Corona.
La concentración de los tercios en el Rosellón, a finales de la década de los treinta, con motivo del conflicto con Francia en la Guerra de los Treinta Años, a los cuales debían alojar y alimentar los campesinos, generaron graves tensiones, que culminarían el 7 de junio de 1640, jornada conocida como el Corpus de Sangre, con una matanza de funcionarios reales diversos, no exclusivamente castellanos. Posteriormente los motines se extendieron, pero la Diputación del General consiguió encauzar la revuelta, para dirigirla contra la política de conde-duque, de manera que una revuelta social se transformó en una guerra política contra la dominación castellana, esto es, en una guerra de secesión, que se extendería hasta 1652, a pesar de que algunas zonas, como el Valle de Arán, se mantuvieron fieles a Felipe IV.
Tras una efímera República catalana, creada a imitación de las Provincias Unidas de los Países Bajos, la Diputación, forzada por la situación militar, reconoció a Luis XIII de Francia como soberano de Cataluña, lo que sirvió a Richelieu para poner en graves dificultades a España durante la Guerra de los Treinta Años. Con la capitulación pactada de Barcelona (1652) y tras doce años de lucha, Felipe IV consiguió invadir las tierras catalanas situadas al sur de los Pirineos. La guerra con Francia se prolongaría hasta 1659, año en que, por la Paz de los Pirineos, España cedía a Francia el condado del Rosellón y la mitad norte del de la Cerdaña.
En las últimas décadas del siglo XVII, a pesar de la persistencia de conflictos bélicos con Francia, se inició la recuperación de la actividad económica catalana, la cual se localizó a lo largo del a franja litoral del país e incluso en zonas del interior, evitando su centralización en Barcelona.

Siglo XVIII
Con la muerte del rey Carlos II y su sucesión por parte de Felipe V (1700) se instaló en el trono hispánico una nueva dinastía, la Casa de Borbón, reinante en Francia, que sustutuía a la de los Habsburgo. Esta circunstancia llevó a la formación de la Gran Alianza de la Haya por parte de Inglaterra, las Provincias Unidas y Austria a favor de los derechos del archiduque Carlos de Austria, iniciándose así la Guerra de Sucesión Española.
Aunque en Cataluña se aceptó inicialmente a Felipe V, y éste había jurado y prometido guardar sus fueros, la oligarquía catalana alegando formas absolutistas y centralistas por parte del nuevo monarca, y su política económica pro-francesa, pronto abrió una etapa de hostilidad y oposición que culminó con el ingreso del Principado (pacto de Génova) y de toda la Corona de Aragón, salvo el Valle de Arán y algunas ciudades, en la Alianza de la Haya. Así, mientras en los reinos de Castilla y de Navarra Felipe V era comúnmente aceptado, en la Corona de Aragón, Carlos, instalado en Barcelona, era reconocido como rey Carlos III. Aunque el apoyo al archiduque en la Corona de Aragón no fue unánime (ciudades como Cervera permanecieron fieles a Felipe V), sí fue abrumadoramente mayoritario.
La evolución posterior de la guerra, desfavorable a las posibilidades de Carlos, y los tratados de paz Utrecht-Rastadt (1713-1714), dejaron a la Corona de Aragón internacionalmente desamparada frente al poderoso ejército franco-castellano de Felipe V, quien ya había manifestado su intención de suprimir las instituciones propias. A pesar de la resistencia a ultranza, como ocurrió con Aragón y Valencia (1707), todo el territorio catalán fue invadido y Barcelona finalmente capituló el 11 de septiembre de 1714.
Una cruenta y sistemática represión[cita requerida] fue acompañada por los Decreto de Nueva Planta (Aragón y Valencia en 1707, Cataluña en 1716), por los que se desmantelaron totalmente[cita requerida] las instituciones propias. Con ello se anexionaba la Corona de Aragón al reino de Castilla[cita requerida] y se ponía fin así a la unión dinástica[cita requerida] que había dado origen a la Monarquía Hispánica de los Austrias.
En Cataluña se creaba una nueva estructura territorial y administrativa a imagen de la de Castilla (excepto en el Valle de Arán), se instauraba el catastro y otros impuestos por los que la monarquía conseguía por fin sus objetivos de control económico, se centralizaban todas las universidades catalanas en Cervera, como premio a su fidelidad y para controlar mejor a las élites cultivadas (situación que se prolongó hasta 1842), se desterraba progresivamente la lengua catalana de los ámbitos públicos y de gobierno en favor del castellano, y se construía una poderosa cuidadela o fortaleza en Barcelona para dominar al Principado y a su capital[cita requerida].
A pesar de la difícil situación interna, Cataluña lograría a lo largo del siglo XVIII una notable recuperación económica, centrada en un crecimiento demográfico importante, un aumento considerable de la producción agrícola y una reactivación comercial (especialmente gracias al comercio con América, abierto solo a partir de 1778), transformaciones éstas que marcarían la crisis del Antiguo Régimen y posibilitarían después la industrialización, un primer proceso de la cual se daría en el siglo XVIII, especialmente centrado alrededor del algodón y otras ramas textiles.
A finales de siglo, sin embargo, las clases populares empezaron a notar los efectos del proceso de proletarización que ya se manifestaba, lo cual dio lugar a diferentes situaciones críticas hacia finales de ese siglo. En la década de los noventa se iniciaron además nuevos conflictos en la frontera con Francia, derivados de las consecuencias de la Revolución Francesa.

Siglo XIX
En 1808, Cataluña fue ocupada por las tropas de Duhesme, general de Napoleón, tras el comienzo de la Guerra de Independencia Española en Móstoles. Durante el conflicto, Cataluña fue incorporada al Imperio Francés y dividida en departamentos[cita requerida]. El dominio francés se extendió hasta 1814, cuando el general Wellington firmó el armisticio por el cual los franceses debían abandonar Barcelona y otras plazas fuertes que habían ocupado hasta el último momento. Es digno de destacar el asedio al que fue sometida Gerona, defendida por sus habitantes, bajo la dirección del general Álvarez de Castro y donde los franceses perdieron gran cantidad de hombres y medios hasta conseguir rendirla con el hambre, las epidemias y el frío el 10 de diciembre de 1809.
Reinado de Fernando VII
Durante el reinado de Fernando VII (1808-1833) se sucedieron diversas sublevaciones en territorio catalán y tras su muerte, el conflicto por la sucesión entre el infante Carlos María Isidro y los partidarios de Isabel II dio lugar a la primera guerra carlista, que se prolongaría hasta 1840, especialmente virulenta en territorio catalán. La victoria de los liberales sobre los absolutistas dio pie al desarrollo de la revolución burguesa bajo el reinado de Isabel II. Estos se dividieron pronto en moderados y progresistas, mientras que en Cataluña se empezaba a desarrollar el republicanismo. También coincide con el avance de la industrialización y el consecuente surgimiento de una nueva clase social, el proletariado, que soportaría condiciones de vida y trabajo inhumanas.
Renaixença y nacimiento del Catalanismo cultural
La industrialización estaría marcada por una grave escasez de recursos energéticos propios y la debilidad del mercado interior español, además de por las presiones para adoptar políticas proteccionistas que evitaran la competencia de productos extranjeros. A partir del segundo tercio del siglo se desarrolló también la Renaixença, un movimiento cultural de recuperación del catalán como lengua de cultura, que empezaba a superar así su larga etapa de decadencia.

Reinado de Isabel II
El desarrollo del reinado de Isabel II, marcado por la corrupción, la ineficacia administrativa, el centralismo y las tensiones políticas y sociales, se tradujo en un progresivo aumento de la agitación social y en el desarrollo de la ideología republicana y federal. De ahí que cuando en 1868, estalló la Revolución de septiembre, también conocida como La Gloriosa, producto de la crisis económica que vivía España, que dio lugar al llamado Sexenio Revolucionario, los acontecimientos se vivieran apasionadamente.
Primera República española
Entre los hechos más destacados se encuentran el gobierno del general Prim y su asesinato, la revuelta federal de 1869, la instauración de la monarquía de Amadeo I, la proclamación de la Primera República Española, el estallido de la tercera guerra carlista y la difusión de las ideas de la Primera Internacional.

Restauración borbónica
En 1874, el pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto dio paso a la Restauración borbónica en la persona de Alfonso XII. Es este un periodo de estabilidad política, de represión del movimiento obrero, de desarrollo de la actividad política en Cataluña, que se extendería hasta inicios del siglo XX, momento en que afloraría nuevamente la oposición política, especialmente de republicanos y catalanistas y las tensiones sociales.

Siglo XX
El Catalanismo y el Nacionalismo catalán
En las décadas siguientes iría tomando cuerpo el catalanismo político, como culminación de un proceso de afirmación de la consciencia nacional catalana, las primeras formulaciones del cual fueron debidas al político republicano Valentí Almirall. En 1901 se formaría la Liga Regionalista de Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó, que impulsaría la Solidaritat Catalana. En cuanto al movimiento obrero, el final del siglo XIX se caracterizará en Cataluña por tres tendencias: el sindicalismo, el socialismo y el anarquismo, a los cuales se sumará a inicios del siglo XX el lerrouxismo. Ello conduce a que en las primeras décadas del siglo XX se distingan dos grandes líneas de fuerza, el catalanismo y el obrerismo.
El primero, bajo el liderazgo de Prat de la Riba, conseguirá una primera plataforma de autogobierno desde 1716: la Mancomunidad de Cataluña (1913-1923), presidida primero por éste, y más tarde por Josep Puig i Cadafalch. El obrerismo encontrará en el anarcosindicalismo la síntesis aglutinadora de anarquistas y sindicalistas, los dos sectores mayoritarios del movimiento obrero, y en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), la organización de combate para luchar por sus derechos.

Reinado de Alfonso XIII y dictadura de Primo de Rivera
El verano de 1909 se produce una revuelta popular conocida como la Semana Trágica, en que la una huelga general degenera en actos de vandalismo que son reprimidos duramente.
La creciente conflictividad social degenerará a lo largo del reinado de Alfonso XIII, dando lugar desde 1917 a una intensificación de las tensiones y al desarrollo del pistolerismo, alentado desde la patronal contra los obreros y causante de una espiral de violencia, que conducirá al apoyo por parte de la burguesía catalana a una solución autoritaria: la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930).
Tras la caída de Primo de Rivera, la izquierda republicana y catalanista invirtió grandes esfuerzos para generar un frente unitario, bajo la figura de Francesc Macià. Así nació ERC, un partido que logró romper el abstencionismo obrero y consiguió un triunfo espectacular en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que precederían a la proclamación de la Segunda República Española.

Segunda República Española

La proclamación de la República permitiría la instauración de la Generalidad de Cataluña y la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932, que a pesar de sus múltiples limitaciones, supuso la realidad de un autogobierno. La Generalitat republicana desarrollaría, gracias a la labor de sus dos presidentes, Francesc Macià (1931-1933) y Lluís Companys (1934-1939), una gran tarea[cita requerida], a pesar de la grave crisis económica, sus repercusiones sociales y las vicisitudes políticas del periodo, entre ellas su suspensión en 1934, con motivo de los incidentes acaecidos en Barcelona en octubre de dicho año.
En cuanto al movimiento obrero, destaca la crisis de la CNT con la escisión de los treinta y la formación del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC).

Cataluña durante la Guerra Civil
Tras la victoria electoral de las izquierdas en febrero de 1936, tuvo lugar en julio la rebelión armada contra la República, que iniciaría la guerra civil. La derrota de la rebelión militar en Cataluña supuso su incorporación al bando republicano. El desarrollo de la guerra en Cataluña se caracterizó en una primera fase por una situación de doble poder: el nominal de la Generalitat y el real de las milicias populares armadas y el Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña. Los enfrentamientos entre los partidos obreros fueron muy violentos y se saldaron con la derrota de la CNT-FAI y el POUM, sobre el cual el PSUC desató una fuerte represión. Esta situación se resolvería progresivamente a favor de la Generalitat, pero al mismo tiempo vería reducida su autonomía por el gobierno central. El esfuerzo bélico de la Generalitat[cita requerida] se concentró en dos frentes: Aragón y Mallorca, siendo la segunda un verdadero fracaso. El frente de Aragón resistió con firmeza hasta 1937, cuando la ocupación de Lérida y Balaguer lo desestabilizó.
Finalmente las tropas franquistas rompieron en dos el frente republicano al ocupar Vinaroz, lo que aisló a Cataluña del resto. La derrota de los ejércitos republicanos en la batalla del Ebro supuso la ocupación de Cataluña entre 1938 y 1939 por las tropas franquistas, que suprimieron la autonomía e instauraron un régimen dictatorial, que supondría fuertes estragos contra el catalanismo y la cultura catalana.

El Franquismo
El franquismo (1939-1975) supuso en Cataluña, como en el resto de España, la anulación de las libertades democráticas, la prohibición y persecución de los partidos políticos, la clausura de la prensa no adicta al régimen y la eliminación de las entidades izquierdistas. Además, se suprimieron el Estatuto de Autonomía y las instituciones de él derivadas, y se persiguió con sistematicidad la lengua y la cultura catalanas en todas sus manifestaciones públicas e incluso (en los primeros tiempos) privadas[cita requerida]. Cualquier signo de resistencia fue suprimido con energía, se multiplicaron los campos de concentración donde los detenidos vivían en condiciones precarias, las cárceles se llenaron a rebosar y miles de catalanes tuvieron que exiliarse.
Además, 4.000 catalanes fueron ejecutados[cita requerida] entre 1938 y 1953, entre ellos el presidente de la Generalitat Lluís Companys, por mantenerse fieles a la legalidad republicana.
Tras la primera etapa de economía autárquica, en la década de los años 1960 la economía entró en una etapa de modernización agrícola, de incremento de la industria y recibió el impacto del turismo de masas. Cataluña fue también una de las metas del movimiento migratorio, que dio a Barcelona y a las localidades de su entorno un crecimiento acelerado. También se desarrolló fuertemente la oposición antifranquista, cuyas manifestaciones más visibles en el movimiento obrero fueron Comisiones Obreras, desde el sindicalismo, y el PSUC.
En la década de los años 1970, el conjunto de fuerzas democráticas se unificaron alrededor de la Asamblea de Cataluña. El 20 de noviembre de 1975 falleció el Jefe del Estado Español Francisco Franco, hecho que abriría un nuevo período en la historia de Cataluña.

La Transición democrática
Con la muerte del general Franco, se inició el periodo conocido como transición democrática, a lo largo del cual se irían alcanzando las libertades básicas, consagradas por la Constitución española de 1978. En ella se reconoce la existencia de comunidades autónomas dentro de España, lo que da lugar a la formulación del Estado de las Autonomías.
Tras las primeras elecciones generales, en 1977, se restauró provisionalmente la Generalidad, gracias al impulso del Rey, al frente de la cual se situó Josep Tarradellas, tras declarar su adhesión a éste, y que componían representantes de las fuerzas más relevantes en aquel momento.
En 1979, se aprobó finalmente un nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, netamente superior al de 1932 en algunos aspectos como enseñanza y cultura, pero inferior en otros como justicia, finanzas y orden público. En él, Cataluña se define como “nacionalidad”, se reconoce el catalán como “lengua propia de Cataluña” y alcanza la oficialidad junto al castellano. Tras su promulgación, tuvieron lugar las primeras elecciones catalanas, que dieron la presidencia de la Generalitat a Jordi Pujol, de Convergència i Unió, cargo que ostentaría, tras seis triunfos electorales consecutivos, hasta el año 2003.
Desarrollo autonómico
A lo largo de los años 1980 y años 1990 se desarrollaron diferentes aspectos de la construcción autonómica, entre ellos el despliegue de la policía autonómica, los Mossos d'Esquadra, la creación de la administración comarcal y el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. También se desarrolló la Ley de Normalización Lingüística, a fin de fomentar el conocimiento y el uso del catalán y se crearon la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió, los medios de comunicación, radio y televisión, de titularidad pública catalana.
El 5 de noviembre de 1992, España ratificó en Estrasburgo, la Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias, por la que adquiere entre otros, el compromiso de reconocerlas, respetarlas y promoverlas.
En 1992 Barcelona celebró los Juegos Olímpicos, que sirvieron para dar a Cataluña un reconocimiento internacional. A lo largo de la década de los años 1990, la ausencia de mayorías absolutas en el gobierno español apenas contribuyó a ampliar las competencias autonómicas, a pesar del apoyo de CiU al último gobierno de Felipe González (1993-1996) y al primero de José María Aznar (1996-2000).

Siglo XXI
Esta situación, el desgaste de CiU tras tantos años en el gobierno, y la agresividad de los últimos gobiernos de Aznar, apoyados por CiU, condujo a que, en noviembre de 2003, los resultados de las elecciones autonómicas posibilitaran un cambio de partidos en el gobierno de la Generalitat. A pesar de no haber ganado las elecciones por número de escaños, Pasqual Maragall (PSC-PSOE) fue nombrado presidente, encabezando un gobierno de coalición formado por el PSC-PSOE-CpC, ERC y ICV-EUA, el Tripartito catalán.
El 16 de septiembre del 2005, la ICANN aprobó oficialmente el .cat, el primer dominio para una comunidad lingüística.
El tripartito resultó inestable políticamente, especialmente con el proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, lo cual se tradujo en un adelanto de la convocatoria de elecciones a noviembre de 2006, en las cuales CiU obtuvo mayor número de votos, aunque el tripartito continuó obteniendo suficiente apoyo como para poder formar gobierno del que José Montilla fue nombrado President. Montilla es el primer presidente de la Generalitat no nacido en Cataluña después de la Segunda República, siendo nativo de Iznájar, Córdoba.

 

cataluÑa en la edad antigua (Izquierda)
La corona de aragon en el siglo XV (derecha)

 

Cataluña se organiza territorialmente en comarcas, municipios y provincias. Históricamente, también se ha organizado en regiones y veguerías, denominación esta última recuperada con el nuevo Estatuto de autonomía.

Provincias
Cataluña está dividida administrativamente en cuatro provincias:
1. Provincia de Barcelona, cuya capital es la ciudad de Barcelona
2. Provincia de Gerona, cuya capital es la ciudad de Gerona
3. Provincia de Lérida, cuya capital es la ciudad de Lérida
4. Provincia de Tarragona, cuya capital es la ciudad de Tarragona

La denominación catalana de las provincias de Gerona y Lérida y de sus correspondientes capitales es Girona y Lleida respectivamente. Esta denominación es la única oficial según la ley 2/1992, de 28 de febrero, por la que pasan a denominarse oficialmente Girona y Lleida las provincias de Gerona y Lérida. En castellano, salvo en textos oficiales, deben emplearse los topónimos propios de dicho idioma.

Comarcas
Cataluña se dividide administrativamente en cuarenta y una comarcas, los órganos rectores de las cuales son los Consejos Comarcales. La división comarcal de Cataluña tiene su origen en un decreto de la Generalidad de Cataluña de 1936, que tuvo vigencia hasta el final de la Guerra Civil. La división comarcal fue nuevamente adoptada por ley del Parlamento en 1987.
Especial referencia hay que hacer del Valle de Arán, que aunque está incluido dentro de la organización comarcal, goza de mayor autonomía, de acuerdo con la Ley 16/1990, sobre el régimen especial del valle de Arán, aprobada por el Parlamento de Cataluña.

Municipios
El municipio es la base territorial de Cataluña donde se cuentan por 946, de los cuales a fecha de 2005 (INE), 502 tenían menos de 1000 habitantes. 108 superan la población como para ser consideradas ciudad, y 59 superan los 20.000 habitantes (en los que vive el 70 por ciento de la población catalana).

El municipio es el ente local básico de la organización territorial de Cataluña. El gobierno y la administración municipales corresponden al ayuntamiento, formado por el alcalde o alcaldesa y los concejales. Estos últimos son elegidos por los vecinos de los municipios mediante sufragio universal, igual, libre, directo y secreto.

Municipios por provincia
• Municipios de Barcelona
• Municipios de Gerona
• Municipios de Lérida
• Municipios de Tarragona

 

División de cataluÑa en provincias (Izquierda)
División de cataluÑa en comarcas (derecha)

Mapa municipal de cataluÑa - año 2003

 
 
La geografía física y humana de la Comunidad Autónoma española de Cataluña se extiende por el territorio comprendido entre el curso bajo del Valle del Ebro y las vertientes pirenaicas central y oriental, en la península Ibérica, conectando con la parte continental europea a través del Valle de Arán.
Limita con las comunidades autónomas de Aragón (provincias de Huesca, Zaragoza y Teruel) al oeste y Comunidad Valenciana (con la provincia de Castellón) al sur. Por su vertiente norte limita con los estados de Andorra y Francia, con sus regiones de Mediodía-Pirineos y Languedoc-Rosellón (que incluye el territorio catalán llamado Cataluña Norte). El este del territorio catalán está bordeado por el mar Mediterráneo. Las coordenadas de sus extremos son 3º 19' 59,94'' de longitud este para el extremo oriental, 0º 9' 41,69'' de longitud este para el extremo occidental, 42º 51' 45,97'' de latitud norte para el extremo septentrional y 40º 31' 27,56'' de latitud norte para el extremo meridional.

Geografía física
A grandes rasgos, se suele categorizar el territorio en tres unidades morfoestructurales generales: una unidad montañosa formada por los Pirineos, otra unidad formada por alternancia entre llanos y sub-unidades montañosas llamada Sistema Mediterráneo Catalán y una tercera unidad situada en el interior que constituye un espacio más llano, llamada Depresión Central Catalana.

Los Pirineos
Los Pirineos son una cordillera que se extiende por toda la vertiente norte de Cataluña, constituyendo la base geográfica de las comarcas de el Valle de Arán, Alta Ribagorza, Pallars Sobirà, Alto Urgel, Cerdaña, Ripollés y en menor medida las de Pallars Jussá, Noguera, Solsonés, Berguedá, La Garrotxa y Alto Ampurdán. Es una cordillera alpina, que sigue un eje de oeste a este y separa la península Ibérica del territorio continental europeo. Se acompañan de una serie de cordilleras subsidiarias que reciben el nombre de Pre-pirineo. Los materiales primarios de sus suelos son responsables de un relieve agresto y pronunciado, acentuado por la erosión glacial. Hacia el oeste se encuentran los puntos más altos y mayor grosor norte-sur, mientras que hacia el este van perdiendo altura hasta alcanzar el Mediterráneo, en el que penetra como una extensión de la cordillera mediante el Cabo de Creus. Las sierras pre-Pirinaicas son también mayores y más profundas por el oeste que hacia el este, y constituyen una transición entre la orografía más pronunciada al norte y los llanos del sur de la Depresión Central.

Sistema Mediterráneo Catalán
El Sistema Mediterráneo, es una alternancia de tierras bajas o llanas y sierras o cordilleras que siguen generalmente la orientación noreste-suroeste. Las cordilleras, también conocidas como Cordilleras Costero-catalanas o Cordilleras Costeras en conjunto, se configuran en subunidades conocidas como Cordillera Litoral y Cordillera Prelitoral.
Este sistema se extiende por todo el litoral catalán y algunas tierras situadas más al interior, lo que implica a las comarcas de: Montsiá, Bajo Ebro, el sector sureste de Terra Alta, el sector meridional de Ribera de Ebro, la mayor parte del Priorato, una pequeña porción de Garrigas que conforma las Montañas de Prades, la frontera sur de Conca de Barberà, las tres comarcas del Camp de Tarragona, las tres comarcas del Penedés, el sector más meridional de Anoia y Bages, las comarcas del Bajo Llobregat, Barcelonés, Maresme y el Vallés, el sector sur y sureste de Osona, y las comarcas gerundenses de la Selva, Gironés, Pla de l'Estany, las tierras bajas y llanos de la La Garrotxa y el Ampurdán.
Las llanuras más destacadas las forman la Depresión Litoral, que se extiende por el Maresme, Barcelonés (Llano de Barcelona) y Bajo Llobregat (Delta del Llobregat) y la Depresión Prelitoral (Vallés, Penedés). Entre las comarcas de Tarragona destaca el llano del Campo de Tarragona y el Delta del Ebro, junto a algunas llanuras localizadas en la vertiente final del Ebro. En el área septentrional de Cataluña, destaca la Depresión de la Selva que se extiende por la comarca del mismo nombre y el Gironés y el Llano del Ampurdán.
En este sistema también se incluye la conocida como Cordillera Transversal, un conjunto de elevaciones y sierras que se localiza en el espacio de convergencia del Pre-Pirineo y la Cordillera Pre-Litoral, encerrando las llanuras de la Depresión Central Catalana del este. Se encuentra especialmente en el territorio de la La Garrotxa pero con sierras y extensiones en Gironés, Selva y Osona. Podría considerarse también algunas elevaciones del sector occidental del Pla de l'Estany.

Depresión Central Catalana
La Depresión Central es una extensión de tierras con pocas estribaciones orográficas que derivan de la erosión del Ebro y sus afluentes. Se extiende por los territorios septentrionales de la Terra Alta, Ribera de Ebro , Priorato y Conca de Barberà, las comarcas leridanas de Segriá, Garrigas, Pla d'Urgell, Urgel, Segarra y las áreas meridionales de Noguera, Alto Urgel y Solsonés, y de la provincia de Barcelona, la mayor parte del territorio de Anoia, Bages, el sur del Berguedà y los sectores centrales y orientales de Osona.

Sistemas montañosos
• Pirineos, con el Canigó y la Pica d'Estats, de 3.143 metros de altitud, el pico más alto de Cataluña.

Montañas costeras:

• Montnegre, 638 m.
• Tibidabo, 512 m.
• Montseny, 1712 m.
• Montserrat, 962 m.
• Montsant, 1124 m.

Sistema Ibérico:
• Puigsacalm, 1515 m.

 
Imagen de CataluÑa desde un satelite de la NASA
 

 
Cataluña goza de un clima mediterráneo, aunque con grandes variaciones de temperatura entre el litoral costero, con un clima suave, templado en invierno y muy caluroso en verano; el interior que tiene un clima continental mediterráneo, con inviernos fríos y veranos muy calurosos; y las zonas montañosas próximas a los Pirineos, que tienen un clima de alta montaña, con mínimas bajo cero y nieve abundante en invierno, precipitaciones anuales por encima de 1.000 mm y veranos menos calurosos.




Ríos
Ebro, 910 km Sus afluentes:
• Noguera Pallaresa, 154 km
• Noguera Ribagorçana, 133 km
• Segre, 265 km

Otros ríos:
• Llobregat 167 km
• Ter 167 km
• Garona 647 km
• Fluvià 70 km
• Valira 44 km
• Besòs 53 km
• Muga 58 km
• Foix 41 km
• Francolí 60 km
• Gaià 59 km
• Tordera 55 km

Otros espacios naturales
• Lago de Bañolas
• Cabo de Creus
• Golfo de Rosas
• Parque natural del Delta del Ebro
• Parque nacional de Aiguas Tortas y Lago de San Mauricio.

 
Vista del Rio Foix



 
Barcelona ofrece al visitante la posibilidad de recorrer a pie desde las ruinas romanas y la ciudad medieval hasta los barrios del modernismo catalán, con sus edificios característicos, sus manzanas cuadradas de cantos seccionados, sus calles arboladas y sus anchas avenidas. La ciudad antigua es prácticamente llana, mientras que los barrios nuevos, a medida que se acercan a la cordillera litoral, adquieren más pendiente.

El centro histórico y Las Ramblas
Uno de los lugares de mayor atractivo son Las Ramblas (en catalán Les Rambles), paseo situado entre la Plaza de Cataluña (en catalán Plaça de Catalunya), centro de la ciudad, y el puerto antiguo. El paseo está lleno de gente de día y hasta altas horas de la noche. Allí se encuentran kioscos de prensa, de flores, de pájaros y animales domésticos, actores callejeros, cafeterías, restaurantes y comercios. Cerca del puerto acostumbran a instalarse mercadillos, así como pintores y dibujantes. Paseando por Les Rambles pueden admirarse varios edificios de interés, como el Palacio de la Virreina, el mercado de La Boquería y el famoso teatro de Gran Teatro del Liceo, en el que se representan óperas y ballets. Las calles laterales también tienen un encanto especial. Una de ellas, de pocos metros de longitud, conduce a la Plaza Real (en cat. Plaça Reial), una plaza con palmeras y edificios con porches que albergan cervecerías y restaurantes, y en la que se reúnen los fines de semana los coleccionistas de sellos y de monedas.
El paseo de Las Ramblas termina junto al puerto antiguo, donde la estatua de Cristóbal Colón señala hacia el mar. A dos pasos se encuentra el Museo Marítimo (Museu Maritim), dedicado sobre todo a la historia naval en el Mediterráneo, y en el que se exhibe la reproducción a escala real de una antigua galera de combate. El museo está ubicado en los astilleros de la Edad Media, donde se construían los barcos que navegaban por todo el Mediterráneo. El puerto antiguo ofrece otros atractivos, como un centro de ocio, con comercios, restaurantes, un cine IMAX y el mayor acuario de la fauna marina mediterránea.
En el centro histórico, muy cerca de Las Ramblas, también son interesantes la Catedral de Barcelona, la Plaza de San Jaime que acoge los edificios de la Generalidad de Cataluña y del Ayuntamiento de Barcelona, y las estrechas pero animadas callejuelas tanto del barrio gótico como del Arrabal y del Borne.

La Barcelona olímpica
Otro de los atractivos turísticos de Barcelona es visitar las principales instalaciones que acogieron los Juegos Olímpicos de 1992. Muchas de ellas se encuentran en la montaña de Montjuich. Allí se puede visitar el Estadio Olímpico Lluis Companys, que incluye el Museo Olímpico, el Palacio Sant Jordi, las piscinas Picornell o la Piscina de saltos de Montjuich. Lejos de la montaña se pueden visitar las instalaciones del FC Barcelona, que acogen el Camp Nou, el Palau Blaugrana (Palacio Azulgrana), el Mini Estadi y el Museo del FC Barcelona, el museo más visitado de Cataluña. En el norte de la ciudad se encuentra el Velódromo de Horta, las instalaciones de tenis de La Teixonera y el pabellón de Valle de Hebrón. Por último, también es recomendable visitar el lugar donde se alojaron los atletas, barrio de la Villa Olímpica, uno de los más animados de la ciudad con sus playas, restaurantes y zonas de ocio.

Los parques
Barcelona cuenta con amplios parques en los que disfrutar de un rato de ocio y desconectar del ruido urbano. Los más conocidos son el Parque Güell, diseñado por Antoni Gaudí en el distrito de Gracia, el parque de Montjuich, situado en la montaña del mismo nombre, y el Parque de la Ciudadela (Parc de la Ciutadella), situado en el centro de la ciudad, en el que puede encontrase el Parlamento de Cataluña y el Parque Zoológico de Barcelona, famoso por haber albergado hasta su muerte al gorila albino Copito de Nieve. Recientemente se han inaugurado el Parque de Diagonal Mar, el más grande de la ciudad, diseñado por Enric Miralles, y el Parque del Fórum, donde se ubicó el recinto que acogió el Fórum Universal de las Culturas del 2004. Muy original es el "Laberinto de Horta", parque donde los árboles están plantados de forma que crean un laberinto donde pequeños y mayores pasan ratos divertidos. Otros parques menores, pero también interesantes son el Parque de la España Industrial, en el barrio de Sants, el Parque del Clot, cerca de la Plaza de las Glorias, y el Turó Park, junto a la plaza Francesc Macià.

Montjuich y Tibidabo: más que vistas de la ciudad
Para disfrutar de buenas vistas sobre la ciudad puede subirse a cualquiera de las dos montañas que dominan la ciudad. La montaña de Montjuic es el pequeño monte situado junto al puerto, en cuya cima se encuentra una antigua fortaleza militar que sirvió para vigilar la entrada a Barcelona desde el mar. En la falda de este monte se encuentran las instalaciones olímpicas, como el Estadio Olímpico Lluis Companys, el Palacio Sant Jordi diseñado por el arquitecto japonés Arata Isozaki, y las Piscinas Picornell. También se encuentra en Montjuic el jardín botánico, que dispone de una colección única de cactus. Otro lugar para disfrutar de vistas sobre Barcelona es la montaña del Tibidabo, en la parte alta de la ciudad. Puede subirse en coche, autobús, o bien con un tranvía y un funicular. En el Tibidabo se encuentran la Iglesia del Sagrado Corazón, visible desde toda la ciudad, el Parque de atracciones del Tibidabo, y la Torre de Collserola, antena de telecomunicaciones diseñada por Norman Foster que dispone de un mirador.
de Norman Foster y la Torre de Montjuich de Santiago Calatrava. Antes de los Juegos también se llevó a cabo la remodelación y ampliación del Aeropuerto de El Prat, que dirigió Ricardo Bofill. En la etapa post-olímpica la ciudad ha seguido manteniendo una gran vitalidad en el ámbito arquitectónico, construiendo edificios como el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) de Richard Meier, la Torre Agbar de Jean Nouvel, y los proyectos de una estación nueva en La Sagrera con un rascacielos, o la Torre del Triángulo Ferroviario de Frank Gehry. Otras actuaciones se han llevado a cabo con motivo del Fórum Universal de las Culturas, como el Edificio Fórum de Jacques Herzog y Pierre de Meuron.

Las playas de Barcelona
Uno de los atractivos que ha incorporado Barcelona en los últimos años son sus playas. Gracias a la regeneración del litoral realizada en 1992, con motivo de los Juegos Olímpicos, Barcelona cuenta hoy en día con seis playas que ocupan más de 4,2 kilómetros lineales de litoral. Las playas son plenamente céntricas, están perfectamente comunicadas y están situadas a pocos minutos de cualquier punto de la ciudad. Todas están equipadas con los más completos servicios: duchas, vigilancia, Cruz Roja y, en algunos casos, vestuarios, alquiler de hamacas, chiringuitos... Las playas son sometidas a limpieza cada día durante todo el año, y todas tienen la bandera azul de la Unión Europea que acredita su excelencia. Según datos del Ayuntamiento de Barcelona, cada año reciben a más de siete millones de bañistas. Aunque la mayoría se concentran en los meses de buen tiempo, entre mayo y septiembre, los ciudadanos y visitantes también pueden disfrutar de ls playas el resto del año, ya que están equipadas para jugar al tenis, voley-playa y otros deportes. En la playa de la Barceloneta, junto al Hotel Arts, hay un moderno centro de talasoterapia municipal, el Polideportivo Marítimo, provisto con piscinas de agua de mar, y que permite el disfrute de servicios deportivos y de salud durante todo el año. Las seis playas son, de este a oeste, la playa de San Sebastián, Barceloneta, Nueva Icaria, Bogatell, Mar Bella y Nueva Mar Bella. En ésta última existe un espacio reservado para el nudismo.

Museos
Los museos de arte de Barcelona revisten un notable interés para el visitante. En la Fundación Joan Miró se muestran algunas obras del pintor mallorquín y se realizan exposiciones itinerantes procedentes de museos de todo el mundo. El Museo Picasso cuenta con una importante colección de obras poco conocidas de este pintor, sobre todo de sus épocas iniciales. En el Museo Nacional de Arte de Cataluña (Museu Nacional d'Art de Catalunya, MNAC) se encuentra una de la más importantes colecciones de arte románico del mundo. De especial interés son los frescos románicos que fueron trasladados al museo desde capillas e iglesias de toda Cataluña. El arte de la época actual se expone en el recientemente construido Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Museu d'Art Contemporani de Barcelona, MACBA), cuyo edificio fue diseñado por el arquitecto estadounidense Richard Meier. También son de notable interés el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona situado en El Raval, el museo de la Fundación Antoni Tàpies en pleno Eixample, el CaixaFòrum situado en la falda de Montjuïc, y el Museo de la Ciencia, ahora denominado CosmoCaixa, a los pies del Tibidabo.

La Monumental de Barcelona
La Plaza de toros Monumental de Barcelona fué inaugurada en 1914 con el nombre de "El Sport" y rebautizada en 1916 con el nombre de "Monumental". Está situada en un la confluencia de la Gran Via y la calle Marina, en el distrito del Ensanche de Barcelona. Con un aforo de 19.582 localidades, es la única plaza donde se realizan festejos taurinos en Barcelona, tras el cierre de la Plaza de El Torín y las Arenas. En el interior de la misma se halla el Museo Taurino de Barcelona, donde se exponen trajes de famosos toreros, cabezas de toros célebres, documentos históricos y demás objetos relacionados con la tauromaquia.

Compras
Barcelona es también una ciudad para las compras. La zona más comercial de la ciudad se encuentra en su centro histórico: calles Portaferrisa, Pelayo, Rambla, Portal del Ángel y Plaza Cataluña, donde las pequeñas tiendas conviven con los grandes almacenes y las franquicias de grandes cadenas de ropa. Un poco más al norte de la Plaza Cataluña, en el Paseo de Gracia (Passeig de Gràcia), la Rambla de Cataluña y la Avenida (Avinguda) Diagonal, se encuentran las tiendas de las marcas internacionales más conocidas de moda, de artículos de piel y de joyería. Los amantes de los artículos de mayor diseño tienen su lugar predilecto en las callejuelas del barrio del Borne, muy de moda en los últimos años. Del resto de la ciudad, destacan las zonas comerciales del Calle Grande de Gracia o la Calle de Sants, y los centros comerciales como La Illa, La Maquinista, Les Glòries o Diagonal Mar. Los amantes de los artículos de ocasión o de segunda mano tienen oportunidad de visitar el "Mercat dels Encants", en la plaza de las Glorias, que abre todos los lunes, miércoles, viernes y sábados, y el Mercado de San Antonio, donde cada domingo por la mañana se establecen paradas donde se compra y venden libros, discos, películas de video, sellos y artículos para coleccionistas.

Música en directo
Barcelona se ha convertido en los últimos años en una de las capitales europeas de la música, debido a la cantidad y variedad de sus propuestas, siempre a la última en el terreno musical. Los amantes de la música clásica tienen destino obligado en el Palacio de la Música Catalana, situado junto a la Vía Layetana, que también ofrece actuaciones de cantautores. Los amantes de la ópera pueden disfrutar de los mejores tenores y sopranos del mundo en el Gran Teatro del Liceo, situado en la parte baja de Las Ramblas. El Auditorio, sede oficial de la "Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC)", ofrece sobre todo conciertos de música clásica.
En los distritos del Ensanche y, sobre todo, Ciutat Vella, hay gran cantidad de locales donde se ofrecen actuaciones de conjuntos de jazz ante un público reducido. También hay salas de aforo mediano, como el Luz de Gas, el Razzmatazz, el Jamboree de la Plaza Real o la Sala Bikini, que cada semana programan actuaciones de conjuntos y artistas de pop y rock.
El antiguo Palacio de los Deportes se ha reconvertido en el "Barcelona Teatre Musical", una gran sala de actuaciones donde casi siempre suele haber programadas actuaciones de artistas reconocidos. Las grandes estrellas del pop y del rock nacional e internacional tienen en Barcelona una plaza de actuación obligatoria. Los meses de verano suelen ser prolíficos en grandes conciertos. Artistas como Bruce Springsteen, los Rolling Stones, U2... suelen hacer sus conciertos en el Palacio Sant Jordi, con aforo para 18.000 espectadores. Los grandes estadios, el Camp Nou (con aforo para 100.000 espectadores) y el Estadio Olímpico Lluís Companys (60.000), también se abren a la música con motivo de grandes eventos.
Barcelona es escenario de importantes festivales en el mundo de la música. Destacan, el Festival Primavera Sound, de pop-rock, que se celebra en el mes de mayo durante tres días, el Sonar festival, en junio, que reúne a las mejores propuestas mundiales de la música electrónica y multimedia, y el Festival Grec, mucho más ecléctico, que durante el mes de julio ofrece variadas propuestas en diferentes escenarios de la ciudad. Por último, a finales de septiembre, con motivo de las fiestas mayores de la ciudad, la Merced, Barcelona ofrece durante tres días una gran cantidad de multitudinarios conciertos gratuitos, y al aire libre, en las plazas más céntricas de la ciudad.

Vida Nocturna
Barcelona se ha convertido en un centro turístico de primer orden, en parte gracias a su vida nocturna. La principal zona es el casco antiguo, repartido entre el barrio de El Raval, a un lado de las Ramblas, y el Barrio Gótico, al otro lado. Hay una gran cantidad y variedad de bares con un público formado por turistas, extranjeros residentes y una minoría de barceloneses.
El Ensanche, especialmente entre Valencia, Gran Vía, Paseo de Gracia y Muntaner, es otra de las zonas con mayor cantidad de restaurantes y locales musicales. En los últimos años han proliferado en esta zona los locales de ambiente gay, hecho por el cuál se ha llegado a consolidar entre los más jóvenes la denominación de una parte del Ensanche (Eixample) como «Gaixample».
Las dos zonas de público alternativo y más autóctono de bares y discotecas de Barcelona se reparten entre el barrio de Gracia, en la parte alta de la ciudad y con un ambiente muy politizado, y el barrio de Pueblo Nuevo, en la antigua zona industrial de Barcelona, al norte de la zona olímpica, con un público bastante joven y algunos de los clubes más grandes de la ciudad ubicados en naves industriales reformadas.
Las zonas más comerciales de ocio se encuentran en torno al Pueblo Español, situado en Montjuich, en el complejo Maremágnum, situado al final de las Ramblas, y en el Puerto Olímpico. Estas zonas también se han convertido en paso obligado de los turistas y extranjeros residentes.
Las zonas de público más «pijo» se encuentran en Sant Gervasi y Tibidabo.
 

 

Rambla en barcelona (Izquierda)
Estadio campo nou en barcelona (derecha)

 

 

plaza real de barcelona (Izquierda)
playas de barcelona (Derecha)


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